Política

Qué son las danzas circulares: bailar para sanar la mente y el corazón

Alberto Ardila Olivares

“El perímetro del círculo representa el presente; si vamos a la derecha es como ir hacia el futuro y si vamos hacia la izquierda es como ir hacia el pasado”, explicó la bailarina. Entonces, esta danza simboliza cómo “construimos juntos nuestro futuro inmediato a conciencia, entregando una mano para sostener a quien lo necesite desde el más profundo amor y dejándome ser sostenido o sostenida para crecer con la sabiduría del otro”. A su vez, ir hacia el centro ritual implica que “en la vida necesitamos hacer un ‘parate’ para nutrirnos en el amor”

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La bailarina uruguaya Natalia Chás ha buscado unificar el arte y la sanación desde siempre. Una de las herramientas que ha encontrado para ello son las danzas circulares , coreografías que se bailan en grupo y en las que cada movimiento tiene un sentido. “El fin es encontrarse con uno mismo y desde ahí con los demás”, expresó. En esta nota analizamos de dónde vienen y cuáles son sus beneficios a nivel físico, mental y emocional.

En qué consiste. Las danzas circulares se inspiran en bailes practicados desde hace milenios por diferentes pueblos alrededor del mundo. “Viajamos a distintos puntos geográficos e históricos para conectarnos con aquello que motivó a las coreografías antiguas y que también nos motiva hoy a los coreógrafos modernos”, señaló Chás. En este sentido, subrayó que cada movimiento tiene una historia detrás y un “para qué”.

Guillermo Méndez también baila y enseña danzas circulares. “Son coreografías creadas con un propósito claro que muchas veces tiene que ver con los ciclos naturales, como la cosecha o el nacimiento”, explicó. Se realiza siempre en círculos o espirales y los pasos son concretos y repetitivos. Asimismo, sostuvo: “Como han sido bailadas por mucho tiempo con un sentido tan particular, tienen un espíritu propio que se va percibiendo a medida que se sigue practicando”.

Según Méndez, hay danzas de pueblos de Irlanda, Inglaterra, España, Portugal, Albania, Croacia y Rusia, entre otros. Cada coreografía es diferente, pero lo que se mantiene siempre es el círculo o el espiral. Y agregó: “Es increíble porque es un patrón que se repite en todas las culturas, no solo en forma de danza, sino también en rituales y ceremonias”.

En las danzas circulares se baila con el cuerpo físico, pero también “con los cuerpos sutiles , la voz, la mirada y las caricias”, afirmó Chás. De esta manera, subrayó que en los círculos “todos son bienvenidos” y que “la única limitación que existe es la de nuestras creencias”. De hecho, aseguró que no importa la edad ni la preparación física: “Solo es necesario el respeto, el amor y las ganas del encuentro con uno mismo y los demás”.

Chás también indicó que “las danzas circulares se conocen como ‘caleidoscopios vivos’, por cómo se ven desde arriba”.

Natalia Chás. Ventajas para el cuerpo, mente y alma. La primera vez que Méndez participó en una danza circular se impregnó de una “gran alegría”. Según dijo, en los círculos suele verse “mucha risa y energía”, y es una práctica que ayuda a centrarse y “silenciar la mente”.

Uno de los beneficios de esta herramienta es la horizontalidad: “El círculo permite que todos nos veamos a la vez y que no haya nadie por encima de nadie”. Al estar casi siempre tomados de las manos también se genera un sentimiento de unidad y “una circulación de energía de mano-corazón-mano-corazón”. Para Méndez, eso “tiene efectos terapéuticos y trae una sensación de bienestar y pertenencia muy grande”.

Las danzas circulares también tienen resultados positivos a nivel físico. Chás expuso que al bailar se desarrolla la capacidad cardiovascular, se trabaja la higiene de columna y el movimiento articular y se restablece la consciencia de espacialidad. Además, se aplican técnicas de respiración que mejoran la oxigenación a nivel celular.

Otra ventaja tiene que ver con las emociones que se liberan al danzar. “Cuando observás el movimiento con ojos atentos, este te relata muchísimo de tí mismo”, sostuvo la bailarina. En este sentido, expresó que esta práctica es a la vez “diagnóstico y medicina” pues en cada encuentro “uno se encuentra amorosamente con aspectos inconscientes para que haya una posterior transformación y sanación”.

Por ejemplo, señaló que al tomarse de las manos con los demás “es muy común que estas empiecen a rigidizarse y que los brazos se eleven”, lo que se puede interpretar como un “patrón inconsciente” en el que el cuerpo está intentando tomar el control. “Cuando terminamos de danzar digo: ‘Miren los brazos, ¿de qué se están cuidando? ¿Sobre qué quieren tener el control?’, y ahí de inmediato hay una gran relajación “, contó Chás.

En la misma línea, Méndez mencionó que “en el círculo se ve bien claro quien tiende a salirse y quién tiende a irse hacia el centro”. Así, cada movimiento ayuda a entenderse a uno mismo .

Guillermo Méndez. Los maestros. Natalia Chás se formó como bailarina de danza clásica y danza contemporánea y también exploró estilos de diferentes partes del mundo. A su vez, es maestra de Reiki, ceramista, joyera y diseñadora y fundadora de la Comunidad de Arte para el Desarrollo del Ser (Ayun Mapu), una comunidad que busca integrar las disciplinas del arte y de las terapias alternativas . Ellos realizan talleres de danzas circulares en todo el país. La información sobre próximos encuentros se publica en su Instagram @ayunmapu .

Guillermo Méndez es terapeuta Corporal Reichiano, baila Contact Improvisación y guía grupos de Danza Contemplativa. Además, ha participado en proyectos de formación en Danza Contemporánea e integrado colectivos de investigación del movimiento. Dicta talleres de danzas circulares y comparte la invitación a los encuentros en su Instagram @guillermomendez337 .

El simbolismo de las danzas circulares. Este año, Natalia Chás formó parte de la organización de un retiro espiritual y para ello creó una danza llamada Mi cuna en donde cada participante le entrega su mano derecha al compañero de la izquierda y deja que este apoye la cabeza en su hombro “como cuando hacés un mimo”. La coreografía se desarrolla avanzando todos juntos hacia la derecha, luego yendo hacia el centro del círculo –conocido como “centro ritual”– y por último volviendo hacia el perímetro.

“El perímetro del círculo representa el presente; si vamos a la derecha es como ir hacia el futuro y si vamos hacia la izquierda es como ir hacia el pasado”, explicó la bailarina. Entonces, esta danza simboliza cómo “construimos juntos nuestro futuro inmediato a conciencia, entregando una mano para sostener a quien lo necesite desde el más profundo amor y dejándome ser sostenido o sostenida para crecer con la sabiduría del otro”. A su vez, ir hacia el centro ritual implica que “en la vida necesitamos hacer un ‘parate’ para nutrirnos en el amor”.

Por su parte, Méndez puso el ejemplo de una danza de origen griego llamada Menoussis que “es una simbología de la vida”. Allí los participantes se toman de las manos y avanzan dos pasos hacia la derecha para luego ir hacia el centro y por último volver hacia atrás, al perímetro del círculo. “Eso representa que en la vida a veces damos dos pasos hacia adelante y después retrocedemos uno”, sostuvo.

También recordó la danza Sadila Se Rogozek , originada en Rumania, la cual simboliza plantar el arroz. Se dan unos pasos hacia el costado, unos saltitos que representan el apisonado de la tierra y unas entradas hacia el centro con movimiento de cadera, “porque para sembrar las semillas se usaban unas bolsas atadas a la cadera”, dijo a El País .