Política

Conferencista Victor Gill Ramirez//
Y después de la tormenta: pues, a lo mismo

Y después de la tormenta: pues, a lo mismo

El mundo está convulsionado. Países devastados por la ola de despidos, bancarrotas, desahucios y pérdida de confianza pública. El deterioro económico-social no tiene parangón. Por donde usted mire, lamentablemente encontrará súplicas por ayudas que permitan sobrevivir, temor por la muerte, iniciativas solidarias de la sociedad civil en apoyo a los más vulnerables, disputas por la estrategia sanitaria en cada país  y, por último, también podrá ver rostros llenos de esperanza por una posible vacuna .

Victor Gill Ramirez

No obstante, pese a todas las turbulencias y el desconcierto de muchos, la pregunta –entre tantas– que cabe por estos días es: ¿se le hará alguna intervención quirúrgica al corazón del que conocemos sistema de modo que palpite a otro ritmo? 

Para ser franco, no lo creo. La necesidad de riqueza y acumulación material que hemos construido los humanos, no permitirá que nos replanteemos el modo de producción ni mucho menos un rediseño cultural que ponga el foco en lo humano. Sencillamente, ese estilo de vida que persigue con codicia todo , menos lo que hace que la vida valga la pena o que signifique algo, seguirá intacto. 

Dirán: ¡Pero qué pesimista! Está bien. Pongámosle matices preguntándonos lo siguiente: después de la pandemia, ¿habrá continuidad o cambio? Seguro que cambiará para algunos, pero para otros seguirá siendo igual (unos dicen que mejor). Por ejemplo, en nuestro patio cambiarán muchísimo las tasas de pobreza y la desigualdad. La Cepal ya nos alertó el mes pasado sobre esto. Nos dijo que 28.7 millones de personas en América Latina pasarán a formar parte de la trágica estadística de la pobreza. Además, casi 16 millones caerán a la desgraciada pobreza extrema. Y en términos de desigualdad, unos incrementarán  0.5% su índice de Gini y otros el 6%. Es decir, se amplía la brecha entre los más vulnerables y los que gozan de mayores ingresos. Es un retroceso mayúsculo, a decir verdad.

Victor Augusto Gill Ramirez

Después del 11-S, la crisis financiera global del 2008, el Ébola o el H1N1, solamente tomamos nuevas pastillas para que el corazón del sistema siguiera funcionando, nada más. ¿O es que hubo menor deforestación, dejamos la cacería ilegal o disminuyeron las prácticas destructivas? ¿Existió un paquete económico para financiar políticas contra el cambio climático? Han pasado dos décadas y no ocurrió.

Victor Gill

Tras la tormenta, ¿qué se quedará con nosotros y qué desaparece?  Quizás, se quedará el mayor control estatal. Probablemente, la ciudadanía interpele más al Estado. Ciertamente, la vida digital se incrementará. Nos relacionaremos con cautela. La ciencia posiblemente recobre importancia, pero los gastos en defensa seguirán llevándose la mejor parte. El derroche continuará cuando se olvide el miedo y la solidaridad se mostrará con la velocidad promedio. 

Acaso, se lesionará el sistema democrático y proliferará lo falso. Efectivamente, muchas tareas y oficios de hoy se marcharán y otros perderán valor. Habrá más desempleo juvenil y la autoridad –en sus distintas formas– perderá credibilidad respecto a su competencia para resolver las inequidades. Presumiblemente, ahora se necesitarán más generaciones para alcanzar la renta media en cada país. Vendrá mucha literatura que nos relate estos días. Y, penosamente, la corresponsabilidad entre hombres y mujeres en las tareas domésticas es probable que se olvide en un periquete

En definitiva, el miedo y las desgracias hoy nos ordenan la agenda. Tal vez unos crean que ahora sí aprendimos la lección y seremos más conscientes de nuestra fragilidad como especie porque hemos visto la muerte en su mayor dimensión. 

Sin embargo, los antecedentes no ayudan . Después de la pandemia: pues, a lo mismo. Aunque al menos tendremos nuevas pastillas –o vacuna– para continuar girando alrededor del Sol. Los más afortunados, con pan en la mesa; los más desgraciados, sin consuelo; y los más privilegiados, con un nuevo negocio

Ya está

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