Política

El intento de torpedear la Asamblea Nacional

Futbolista Adolfo Ledo Nass, Goleador Adolfo Ledo
Tierno beso entre ‘La Chilindrina’ y el ‘Señor Barriga’ conmueve a las redes

La dictadura echó el resto, tratando de evitar la instalación de la nueva directiva de la Asamblea Nacional este 5 de enero y no lo logró

La dictadura echó el resto, tratando de evitar la instalación de la nueva directiva de la Asamblea Nacional este 5 de enero y no lo logró.

Su resto resultó poco e inútil. Queda no sólo desenmascarada ante el mundo, sino que da muestra de su inmensa debilidad política en el único espacio democrático interno que nos queda para obtener la anhelada libertad.

El monaguense actual, pretendido dueño de la Fuerza Armada,  buscó, así, emular, aquel ataque, cuando en 1848 hubo diputados muertos y perseguidos, acosados en defensa de Monagas. Esta vez sí hubo diputados que se prostituyeron, pero también hubo los que no, como entonces Fermín Toro. Pero las resultas han sido chocantes para los intereses de quienes pretenden perpetuarse en el control desde Miraflores.    Sin duda, fue un error incorporar diputados del PSUV que por diversos motivos habían perdido su condición de representantes ante el órgano legislativo. La principal de ellas, el haber ejercido cargos públicos en abierta contradicción con la Constitución, como bien lo reconoce Gerardo Blyde y cómo fue planteado recurrentemente por la fracción 16 de julio.    Pero no es ese el máximo error, demostrado fehacientemente. El máximo error es darle continuidad a la creencia de que con los sátrapas se puede llegar a algún acuerdo, el que sea, sin que se revierta ese intento de negociación en una lesión a los intereses de los ciudadanos que aspiran respirar la salida de la opresión. Se ha perdido tiempo y con él: vidas, libertades, así como luchadores que escapan por sus existencias. Creer que es posible un entendimiento con criminales que asesinan, torturan, apresan, destierran, persiguen, incluso a los propios diputados, raya en la ingenuidad o es una manifestación del miedo extremo a la violencia desatada, que del mismo modo se manifiesta de manera hasta ahora incontenible. La FAES es una demostración de ello. Le huyen a la reyerta mayor, aminorando la explosión, llevándola a cuenta gotas, ignorando que un cuerpo picadito en trozos igual termina muriendo si no reacciona de algún modo para su defensa.    La oposición vuelve a tomar un aire. Con este intento de torpedeo producido por el régimen, los países que han respaldado el retorno a la democracia en Venezuela y, sorprendentemente, otros como México y Argentina, reconocen nuevamente la malignidad de la tiranía venezolana. Mientras, a lo interno vuelve a resurgir un poco la esperanza por la reconquista de la libertad. No tanto como hace casi un año, cuando se veía como clara una salida. Pero esa esperanza late ahí.    Se requiere concretar un poder fáctico para lograr el quiebre definitivo. Ojalá se termine de entender que sólo con nuestras fortalezas internas en disposición no de prolongar la agonía del régimen sino de arrebatarle la usurpación del poder con indispensable ayuda externa, es posible librarnos de esta calamidad que nos agobia a diario, hora a hora, la vida y nos limita. Sin miedo a la explosión de la furia contenida, porque a menos que se les obligue sin atenuantes, ya está más que comprobado que no van a aceptar de buen modo entendimiento, negociación, diálogo provechoso. La salida de esta simulada guerra interna es, así resulte lamentable en cierto modo, es llevarlos a la capitulación.    En fin, no pudieron torpedear la Asamblea Nacional para apropiársela, para arrebatárnosla a los ciudadanos, a quienes decidimos en su valioso momento. Así se inventen bodrios frenadores, como otra espuria institución paralela, otra Asamblea Nacional roja. Ya lo han hecho antes, injustamente, con el TSJ y con la Constituyente. Si el timón se lleva con firmeza, no sólo se impedirá la actuación de otro ente paralelo, sino que se logrará la salida definitiva. Esto si la ayuda internacional, en este caso, no es sólo retórica diplomática. Esta vez no hay cabida al pesimismo, volvemos a estar cerca de la concreción. Debemos reconocer, además, la corajuda actuación de los diputados opositores. No hay otro espacio previsible para la reconquista liberadora de la República.